lunes, 8 de febrero de 2010

Medio Siglo


Destino dificil el medio siglo...
Antes morían con apenas
cumplidas sus metas, sus anhelos,
sus ambiciones...
Ahora se muere por eso y
por mucho menos de eso mismo...
Ahora por menos de eso si no lo logras,
no servís como hombre...

Caprichos del destino

Las paredes de la cadena montañosa,
que forman un pasillo irregular, me
conducen obligadamente a un destino
incierto...
Como si fuera una juego de video,
oscuro, terrorífico, con suspenso,
donde cada recobeco, cada saliente
de la piedra, se convierte en una puerta
que te obliga a cambiar el rumbo...
Sin saber a ciencia cierta, si ese nuevo
desvío, será tu suerte o tu perdición...
No hay árboles. No hay vegetación
alguna que te permita una opción
diferente...
No hay nada. no hay signos...
Solo de uno depende esa elección...
Es así mi vida hoy. Llevo una mochila
pesada, pero aún tengo fuerzas suficientes
para seguir adelante...
Siempre algún contratiempo se presenta
adelante...
Como en los juegos de cartas, cada movida,
cada paso, es necesario meditarlo, para
evitar sinsabores...

Bajo un manto

Solo bajo el manto de la pasión, brotan de mis poros
palabras que contienen sentido...

Solo bajo el manto del alcohol, brotan de mis poros
alucinantes palabras que contienen carácter...

Solo bajo el manto de la soledad, brotan de mis poros
palabras de tristeza y melancolía, que contiene
mi corazón...

Solo bajo el manto de la realidad, brotan de mis poros
únicas verdades en palabras que contienen esperanza
y fé...

Ella

Volvía del yugo. La lluvia caída en los últimos días, acumuló
un calor bajo mis pies, cuando salí al asfalto, que se transformaba
en un vapor espeso y húmedo, que apenas me dejaba respirar.
El humo de mi cigarrillo se mezclaba con el de la caldera ambiente.
El viaje de regreso era como estar bailando sobre una cama elástica,
El cuerpo, mi cuerpo, se mecía en todas direcciones, tenía que
sostenerme a dos manos de cuanto metal, cromado y caliente, tenía
a mi alcance.
De pronto la ví. a Ella
Ví su rostro. Sus ojos negros, su piel tan similar a la tierra
Madre, y esos cabellos brillosos, enrulados, que se juntaban
en su nuca, formando un dibujo de dos áureas de Ángeles gemelos.
Creí percibir que mis pupilas, no creían lo que veían.
Era Ella
De quien me enamoré hace mucho…
Y a quien perdí…
Por su profesión o por mi ingenuidad, al no saber distinguir,
un espejismo de la realidad misma…
La amé mucho…
Se lo dije en más de una oportunidad…
La colmé de regalos y atenciones, como lo hacían los grandes
Reyes. Como César hizo con Cleopatra…
Como a ninguna mujer antes…
Así mismo la perdí…
Así mismo se alejo de mí…
Y hoy la ví...
Pero mi oasis no era Ella
Era otra ninfa…
Era otra musa, que se reencarnó en Ella
Y viajé de pie a su lado…
Y me senté a su lado…
Como si estuviera pegado a Ella
Pero no era Ella
Ella se fue hace tiempo…
Ella, dudo que alguna vez se cruce ante mí, como hoy,
Aunque no sea Ella
Pero hay una verdad, Ella estaba allí, a mi lado

Una Imagen

Un anciano comió a mi lado, acodados
los dos en el amplio mostrador. Ruidos
del ambiente, manos que se cruzan en
nuestras narices retirando pedidos,
voces mezcladas, acentos no comunes,
mas ruido...
Yo con mis porciones de pizza humeante,
muzzarella en exceso. Me empacho de solo
verlo. Demasiada abundancia, excesiva, para
solo llenar el estómago. La gula no es mi vicio...
El, junto a su inmensa tarta de verduras, que no
cabía en su plato. Un vaso de moscato y un vaso
de agua fría, para aliviar el ardor de la uva y así
disfrutar su sabor.
Lo contemplé por unos instantes, de forma
disimulada, así vino a mi mente,
el recuerdo de mi abuelo.
Mismo cráneo pulido, misma estatura, mismos modales,
elegantes modales, denotaban su educación.
No era un simple viejo, arrojado a las calles del centro,
en busca de su plato diario que le permita subsistir,
y asi seguir el camino hacia su final.
Estaba solo, al igual que yo.
Dos y media generaciones, unidas por la soledad
momentanea a la hora de una frugal cena. Perderse
en la comida, alivia la mente. Uno se distrae
mientras se evapora del plato, al compás
de los cubiertos, y el líquido digestivo,
el alimento que calentará nuestros estómagos,
para despues seguir, o quizás volver a estar sólo con uno
mismo...
Solo conversamos, por un circunstancial detalle, unas pocas
palabras, el acento del personal que atendía. No era
castellano con acento porteño, no era
el lunfardo del conurbano ni de la capital,
propio de una incipiente educación, era acento mercosur,
acento limítrofe.
Coincidimos en el país, coincidimos en sus actitudes frente
al trabajo...
No quise darle mucha charla, me pareció un atrevimiento,
quise que disfrutara su alimento, que llenara sus carencias,
como yo las mías.
Lo vi cansino, pero al mismo tiempo relajado
y féliz ante su manjar.
Me despedí cordialmente. Así terminé. Así me fuí...

Fuego Vivo



Canales de fuego vivo, formando
lagos del color del oro...
No veo lenguas azules, solo tonos
intensamente amarillos...
No hay bocas profiriendo obsenidades,
no se ven almas en pena,
no se escuchan voces, ni lamentos,
no es el infierno...
Donde estoy?
La luz es la del fuego, el calor humedece
mi cuerpo,
mis ojos buscan vida,
mis ojos buscan las imágenes de los recuerdos...
Es solo eso, recuerdos...
Recuerdos que mudo, ante la adversidad
de mi corazón...

No pude evitar mirarte

No pude evitar mirarte.
Sentí un revuelo en mi memoria.
Estuve a punto de rozar mis dedos sobre tu cintura esmaltada,
pero sentí temor que la historia, te esfumara de mi presencia.
Y olvidar así tu esencia, que en mi vida tuvo su parte.
Es tan difícil encontrarte, que si viera un arco iris,
uniría en un esfuerzo titánico,
la distancia de sus colores, y así poder besarte sin temores,
como en el pasado te tuve, entrelazadas nuestras manos,
mientras el sudor unía la sal, con el agua cristalina,
formando gotas nacaradas,
que se secaron con el tiempo,
de un amor más que intenso, entre dos seres tan distintos.
En lugares tan inmersos, de bruma, alcohol y música.
La noche tejió en un mensaje, con claves cifradas un lenguaje,
de un intercambio de poder, a fin que cada uno eligiera,
de la manera que pudiera, demostrar la pasión,
que se esfumaba con la acción, del vestirse y despedirse,
no sin antes la entrega de un beso y un papel,
que dejaba entrever, que el amor duraba horas.
En el corazón y en el pecho, solo después tuve despecho,
el que se reflejó en mis ojos, producto de la realidad.
Solo pude despedirme, pretendí como un niño herirte,
anunciándote que con mi huída, en otras piernas, me refugiaría.
No pude evitar mirarte y con los ojos entrecerrados,
seguí camino a otros rumbos. Pero apareciste de nuevo en mi
mundo. Como el sol después de la tormenta.
Así te fuiste de mi lado nuevamente,
como de nuevo el calor se posó en mi frente.
No pude menos que verte, como tu figura se alejaba
como siempre fue a la madrugada, y como siempre supe
que no existías.