viernes, 6 de agosto de 2010

Rigor Mortis

Cada vez que alguien muere, inexorablemente, pasa por ciclos, en los cuales, cada uno de los elementos que están en la naturaleza, en esas fases, tiene una labor, que si bien puede resultar desagradable, es también importante para que la vida continúe…
Aún cuando subsistan seres, entes maléficos, que desafían los sentimientos…
Por eso Ángel, que me acompañaste hasta este final, que nunca quise y mucho menos esperé.
Te pido prestes atención que es lo que me ha pasado…
El amor sincero, honesto y malogrado llegó a su fin.
Sangra mi corazón por las heridas recibidas, al caer bajo los cascos de una estampida de cebras en el Serengueti, a través de todo mi cuerpo. Es la vertiente de mi vida la que se aleja para nunca más regresar a su origen.
Sigo teniendo el perfume de tu piel como una capa de aceite relajante.
El fluido de plasma sigue su curso, secándose, ante el Sol que calcina todo a su alrededor. Aparecen los primeros dípteros, hombres y mujeres con dos alas y dos caras, realizando comentarios innecesarios, succionando de mis líquidos linfáticos, toda mi energía, toda mi vida…
Estos parásitos, continúan con su labor. La de hurgar en la materia, profundizar su función, para la que fueron creados.
Bacterias, así es como deberían llamarse, desovan sus larvas de envidia, recelo, metástasis de vidas rutinarias…
Hay tantos coleópteros como personajes nefastos alrededor de mi cadáver, rodeando como hienas de risas histéricas, prestas a devorar, a una víctima de quien una vez sintió, y de lo que una vez fue un verdadero amor…
No pudieron esperar treinta días, ya que no era en verano, nuestro idilio, comenzado estuvo en otoño, pero tampoco tuvieron piedad, ante la llegada a los noventa días del inicio del invierno, que una vez presente, desata toda su fiereza helada.
Las sílfides insectívoras, ya se han ido…
No quedan vapores de tu fragancia en mi…
Consumida la carne, aniquilado el resto de la pasión…
OH! ¡Cielo Sagrado!, para sorpresa de ellos, mi corazón está incorruptible, imperecedero, como el de los Santos…
La respuesta a tu pregunta que queda muda en el aire que nos rodea es sencilla. Nada empaña ni nadie se pone ante mí, formando una sombra que opaque, que torne la luz de mi corazón de manera difusa, por sobre los sentimientos de un Hombre por un Mujer…