Imposición
Si hubo un tiempo en el cual alguien te dio el nombre de una flor...
Convertiré los campos de trigales, en desiertos sin más que arena
y piedras...
Si por casualidad alguien tuviera la osadía, de personificarte en
un ángel...
Haré que el cielo sea noche eterna, sin espíritus, sin estrellas,
ni luna ni sol...
Si por la mente de alguien se cruzara querer ofrecerte
un color para encumbrar tu belleza...
Destruiré todos los prismas terrenales, para que solo una rayo de
luz blanca te ilumine...
No hago ni haría todos estos actos de locura, para empalidecer
a Otello, ni tampoco utilizaría la maldad y la envidia de Yago,
para influenciar mi alma.
Sino que como eres la viva expresión de mis sentimientos,
no puedo ni debo permitirme el lujo, que poseas algún detalle,
que te ligue al pasado.
Sería como renacer. Todo nuevo. Todo diferente. Todo único.
Las caricias, los besos, los abrazos, las miradas, el perfume de
la piel. Hasta el sudor frío que pueda deslizarse por tu espalda,
sería la descarga de adrenalina, que como conductora de la
electricidad, recorrería tu sistema nervioso, desde el
hipotálamo hasta la punta de los dedos de tus pies.
Y así de esa manera, y como nunca, podrás sentir en tu
corazón el galope del mejor caballo árabe, con sus crines
doradas, elevarte por los aires en una carrera sin final.
