lunes, 1 de noviembre de 2010

Pesadillas

He recurrido a los libros, como un ebrio por el arte. Desechado el alcohol, que ahoga mi angustia. Me rescataron de este mar de despecho las letras universales.
Mantengan firme mi espíritu, su prosa, sus novelas, líricas poesías, elegías a la muerte del alma.
Búsqueda implacable, como una ley verdadera, que no se oculta y espera la justicia de la emoción.
Necesito la contención de un afecto inquebrantable, que no me juzgue por lo tengo, y me ame por lo que soy y por lo que valgo.
Un desespero de cariño anuda mi garganta, como un cuello de bodas.
El sudor invade mi frente. Ruedan como brillantes, robadas por ladrones furtivos.
Quisiera borrar de mis ojos la mirada extraviada, que no me conduce a nada y ningún sitio en particular.
Sólo avanzo lentamente hacia la entrada de la locura. Una fosa profunda se antepone en mi camino. Saltar debo para no perecer como un suicida angustiado y atormentado.
Valor tengo en la vida.
Estrellas y luna siguen mi visión triste y oscura, como el monte en verano. La selva solo brilla cuando el agua de las lluvias riega sus raíces.
Mis ojos y mi boca, mi aliento sigue acongojado.
El corazón esta crujiente, salido de lugar y lacerado.
No debo llorar. Sí, no he llorado aún, por lo que viene.
Despertar, es lo que quiero, de este sueño infernal.
Vencer mi objetivo es el mal.
Sólo busco tener paz en este final…