domingo, 4 de julio de 2010

Una Tarde...

Sentado frente a una hilera de eucaliptus gigantes, mi mente gira de forma lenta según los minutos y las horas pasan.
Apoyada mi cabeza, sobre un gran tronco y el resto de mi cuerpo se mantiene mullido en un colchón de hojas secas, descanso y contemplo el atardecer envuelto en un oxígeno perfumado…
Las nubes y el cielo, forman una bóveda que ilumina de manera tenue como una lámpara de noche…
La brisa pasa de a ratos y juega con mis cabellos, desafiando a mis manos, para ver cuan rápido devuelven la normalidad a mis pelos revueltos…
Una serie de pensamientos me abstraen y me olvido de la prolijidad, para adentrarme en una cámara presurizada de vivencias que se le anteponen enormes signos interrogantes, sobre las respuestas que pretendo descubrir y dilucidar…
Acertijos como claves secretas me obnubilan. Pareciera que mis incertidumbres fueran inmensas fórmulas químicas, o la suma de todas las ciencias, dispuestas ellas a ensordecer con sus cálculos, cualquier intromisión mía en el descubrimiento de la verdad…
La verdad sobre mi soledad…
La verdad sobre mi porvenir…
La verdad sobre mi fe…
La verdad sobre mi amor…
La verdad sobre mi salud…
Una estrella mágica que con sus puntas se aleja al cielo, para que en las noches claras, la busque y allí se convierta en la quimera, la alquimia, de mi alma y de todo mi ser…

Oh!!!

Terrazas de cuadros grises, vacíos de telas, diseños
y colores…
La tarde me muestra la distancia entre mi visión y la
realidad…