viernes, 29 de octubre de 2010

Contención

Contención, ese muro…
El muro, respaldo del Alma…
El agua, como la sangre se filtran, por el resquebrajado corazón…
Opresión de las sienes con sus manos crispadas…
Ojos que se entre cierran como si todo se volviera de noche…
De la boca brotan quejidos, de abundante manantial de pureza antes, ahora, con el oculto cianuro, para que su sonido sea amargo y cruel…
El asfalto de sus pulmones se derrite lentamente, expone el tatuaje del dolor, deja que la angustia se exhale con fuerza, con la rémora del desconsuelo como acompañante a ese viaje de salida…
La imagen se desvanece, todo el cuerpo cae…
Los ojos ahora sí, se abren para siempre y en ellos se refleja la luz por siempre…
Si sólo hubiera tenido contención...

Blanca

Anoche tuve un sueño revelador.
Una mujer, bella y cautivante, y a su vez con una mirada no natural, se acercó y me entregó una libreta de cuero blanco. Sin marcas. Sin nombres. Nada.
Era suave al tacto, casi como una semejanza a la piel de Ella.
Solo me dijo:
.- Has sido admitido.
Mi única reacción fue abrir los ojos y no pude expresar nada.
Abrí la libreta y leí atentamente la escritura, desconocida por mí, pero mi mente interpretó todo.
Al terminar de leer, comprendí todo.
La libreta era el pasaporte.
Mi pasaporte.
Mi salvoconducto.
Mi visa.
Elevé mis ojos hacia Ella. Sólo me sonrió.
.- Bienvenido. Fueron sus palabras.
Una mueca que me es imposible de describir, si fue de alegría, tristeza o resignación, se dibujo en mi rostro.
Tomé conciencia que las puertas del Infierno se abrirían para mí.
Inmensas puertas, blancas también.
Cruce bajo su espectacular marco, trasponiendo el umbral que me separaba del sueño y entré en la realidad.
Había cruzado la línea. Había dado el paso a la Vida. Era mi Resurrección. De nuevo aquí, en la Tierra.
¿Era mi tributo?...
¿Haber sido redimido de mis pecados?...
¿Mi nuevo castigo?...

Mareas Emocionales

Retornan las convulsiones. Se me llena el alma de nostalgia y melancolía. Es como agua sucia, que se filtra por las cavidades de mi corazón.
Pongo esfuerzo por olvidar. Me cuesta más que respirar aire puro en las afueras de la ciudad.
Me acostumbré a repartir mis horas en el tedioso trabajo, en la contemplación de rostros que viajan hacia destinos diversos, con las miradas perdidas, envueltos por mortaja, quizás similares a las mías. O con ojos cerrados, orando a un Morfeo efímero, pero que te sacude, para que no olvides que sigues con las mismas angustias y alegrías que hace sólo minutos.
Soy por momentos una matriz que genera óvulos de pasados enfermizos, estériles. Óvulos que nunca recibirán el espermatozoide que los fecunde.
¿Quién puede crear vida de lamentos y tormentos extemporáneos, cuando debe erguir su cabeza y decir…hasta que llegué?
¿Por qué extender el sadismo como un cireneo sin fe, un impío, que sólo por pretender devorar una mesa llena de suntuosos títulos de libros eruditos, cree borrar la desesperanza que le ataca como una tos que le sobreviene de momento, pero que es generada por el mismo?
No puedo actuar o convertirme en un lisiado, cuando tengo mis posibilidades de salir adelante bien definidas, para que todo sea distinto.
Estaba bien. Tranquilo. Convencido realmente de tener una cierta paz relativa en mi interior. El dolor apareció de nuevo. Valor no poseo. La soledad y la carencia de afecto me aprieta, me produce dolor en el espíritu. Me ahoga. Me hundo nuevamente. No quiero entregarme por nada del mundo. No es mi hora. No es mi salida.