Una Tarde
Colgando del alambre en la terraza de mi casa, penden y bailan al ritmo de la brisa que sacude, mis emociones.
Emociones que engloban un sin fin de cosas. Cosas hermosas, bellas, como las mejores telas de lino, como las mejores prendas de algodon. Con colores vistosos.
El cielo tiene un celeste increiblemente diafano.
Un sol calido como un abrigo de piel de oveja, cobija en un abrazo, toda mi psiquis emocional.
Todo esta en letargo como en una tarde de siesta.
Los sonidos son tenues, suenan a la distancia. Motores de ultima generacion se asemejan a las abejas alrededor del panal.
El cantar de los pajaros da una musica danzante.
Me asomo y veo a la distancia, el horizonte de cemento y vidrio de alturas diversas, que se parecen a un juego inconcluso de arquitectura infantil.
Solo veo materia. Solo siento la poca naturaleza que tiene la jungla citadina.
Pasos a lo lejos, que se alejan hacia un destino incierto.
Nada mas.
Apocaliptica tarde.
Apocaliptico ocaso.
Apocaliptica noche.
Soledad indiscutida, alterna entre las luces y la oscuridad.
Soledad compartida con mi sombra que de a poco se diluye.
Soledad para mi soledad. Eterna compañera.
El ladrido de un can, distrae la luz de la luna.
Su aullido contiene plegarias que solo los solitarios entenderian.
Pasajes cortos, panfletos de letanias.
