Ella
Volvía del yugo. La lluvia caída en los últimos días, acumuló
un calor bajo mis pies, cuando salí al asfalto, que se transformaba
en un vapor espeso y húmedo, que apenas me dejaba respirar.
El humo de mi cigarrillo se mezclaba con el de la caldera ambiente.
El viaje de regreso era como estar bailando sobre una cama elástica,
El cuerpo, mi cuerpo, se mecía en todas direcciones, tenía que
sostenerme a dos manos de cuanto metal, cromado y caliente, tenía
a mi alcance.
De pronto la ví. a Ella…
Ví su rostro. Sus ojos negros, su piel tan similar a la tierra
Madre, y esos cabellos brillosos, enrulados, que se juntaban
en su nuca, formando un dibujo de dos áureas de Ángeles gemelos.
Creí percibir que mis pupilas, no creían lo que veían.
Era Ella…
De quien me enamoré hace mucho…
Y a quien perdí…
Por su profesión o por mi ingenuidad, al no saber distinguir,
un espejismo de la realidad misma…
La amé mucho…
Se lo dije en más de una oportunidad…
La colmé de regalos y atenciones, como lo hacían los grandes
Reyes. Como César hizo con Cleopatra…
Como a ninguna mujer antes…
Así mismo la perdí…
Así mismo se alejo de mí…
Y hoy la ví...
Pero mi oasis no era Ella…
Era otra ninfa…
Era otra musa, que se reencarnó en Ella…
Y viajé de pie a su lado…
Y me senté a su lado…
Como si estuviera pegado a Ella…
Pero no era Ella…
Ella se fue hace tiempo…
Ella, dudo que alguna vez se cruce ante mí, como hoy,
Aunque no sea Ella…
Pero hay una verdad, Ella estaba allí, a mi lado

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