sábado, 11 de julio de 2009

Sera asi? II

Mi subconciente pareciera que solo almacena los daños que me han hecho en los ultimos tiempos. No escatima en detalles a la hora de ponerlos ante mi, como si fueran una pelicula que se repite constantemente.
¿O es la memoria derrotista?.
¿O es la impotencia a no haber actuado de tal o cual manera, que determinara, un desenlace del momento, contrario al realmente acontecido?.

Decision

Debo caminar mas tiempo sobre un suelo cubierto de conchillas, hasta que mis pies sientan, la suavidad de la fina arena que me acerque a las aguas calidas del mar.

Seis

Seis siluetas se acercaron lentamente. En línea. Los tenía frente a mí. Sabia cual era la intención de ellos. El sol me daba de frente. Eso impedía visualizar sus rostros. Apenas podía distinguir el color de sus ojos. Brillantes. Alrededor de ellos se formaba un cono de sombra que les daba una imagen aun más fantasmagórica. Eso me aterraba aun más. No podía dejar de temblar. Abrí lo mas que pude mis cavidades oculares para mostrar creo yo el terror que estaba experimentando. La proximidad de sentir en mi carne y ver el horror, me petrifico al suelo. No atine a realizar movimiento alguno. Era mi fin. De pronto de entre sus ropas que se parecían al color del fuego, salieron y brillaron con la luz, sus armas. Seis pistolas Smith & Wesson, plateadas, calibre 9 mm. Con el mango que tenia incrustado hueso humano, formando muescas, que semejaban condecoraciones, trofeos, de sus logros. Tenían todas un espacio intermedio del mismo color que las armas. Ese espacio tenia escrito algo, que a la distancia no pude descifrar. Con cada paso que daban, una letra se veía. Cada uno tenia partes de un nombre. Pestañee, reiteradas veces, con la intención de que la visión se tornara en cámara lenta. Logre de esa forma leer el nombre que entre todas se formaba. Era el mío.
M de maldad. Recordé entonces que había cometido muchas maldades en mi vida. Los flashes con esos momentos que vinieron a mi mente, me hicieron comprender todo.
U de unión. No había podido unirme nunca a nadie por mucho tiempo, ese fue uno de mis errores en mi larga vida.
E de extraño. Siempre había sido una persona difícil, solitaria, conflictiva. De exterminio. Si, era verdad. Había eliminado muchas cosas. De raíz, para borrarlas de la faz de la tierra.
R de realidad. Otra verdad. Así estaba yo ahora, enfrentando a la vida como lo hice siempre, a los golpes, con caídas y vueltas a recuperarme.
T de traición. Debo confesar que he traicionado muchos valores. Estuvo conmigo todo el tiempo, sin poder alejarla nunca.
E de excremento. Que más puedo decir. La mierda siempre me rodeo y no hice nada para limpiarme. Así estoy ahora. Como lo estuve siempre. Solo.
Solo frente a estas bestias, que solo buscan la venganza. Porque? Que es lo que los moviliza a llegar a esta situación?.
Alto. Deténganse. No pueden lastimarme. Soy la única persona que los puede redimir. Soy el guía por esos caminos oscuros que les esperan detrás de la gran puerta.
No pude decir más. No había ninguna posibilidad de hacerlos entrar en razón. Tampoco valía la pena hacer un esfuerzo más.
Seis explosiones al unísono, salieron de esas bocas gigantes de acero cromado. El percutor de cada una de esas armas había entrado en escena. Habían cumplido su papel al perfección. El libreto lo sabían de memoria. Años de práctica. Aplausos. Triunfos. Laureles de gloria. Música marcial.
Seis silbidos que contenían una melodía hermosa. Heroica. Triunfante. Justiciera. Única. Delicioso sonido, con un compás por demás simple pero perfecto.
Seis puntas huecas de plata. Con una gota. Una pequeña gota de mercurio. Que contenida en esa forma de punta redondeada y hundida, formaba un brillo diferente. La luz del sol las hacia ver de otra manera mas agradable a la vista. A mis ojos.
Seis eran.
La primera me perforo el estomago. Un calor intenso abrió mi carne y desgarro músculos. Exploto dentro de mí. Sentí un fuego intenso, que duro un instante.
La segunda penetro en mis pulmones que sintieron el cimbronazo, haciendo que mi pecho se hundiera formando un cavidad cóncava aun más grande de lo que eran. Mis costillas se quebraron formando una cascada de huesos que se astillaban y cortaban la las venas, y los bronquios como si fuera simple papel.
La tercera atravesó mi cuello de lado a lado. Dio en el medio de mi nuez. Hizo un agujero del tamaño de un botón. Desparramo entre mis cervicales y mi garganta toda su fuerza.
La cuarta dio de lleno en mi hombro derecho. Sentí como el brazo se desprendía del resto de mi cuerpo como cuando uno come una pierna de pollo. La carne se desgarra con facilidad, como si fuera manteca.
La quinta hizo el mismo trabajo. Para eso fue forjada, en mi hombro izquierdo. La misma sensación, el mismo dolor.
La sexta. Esa fue como el postre que esperaba. Dio en el medio de mi frente. Un círculo pequeño, al principio. Lo suficiente para hacer circular toda su energía dentro de mí.
De momento, todo se hizo silencio. Un silencio interminable. Detestable por donde uno lo mire.
Era el momento en que esas balas de plata, de punta hueca, con una gota de mercurio, estallaban como si fueran fuegos de artificio. Todas al mismo tiempo.
Mis ojos se cerraron, ya no tenia fuerzas para mantenerlos abiertos, no pude ver como todo mi cuerpo se deshacía en pedazos. Miles de pedazos. Toda la escena era dantesca, deslumbrante, luminosa, de la sangre, del color de la carne, del color de los huesos.
Los seis formaron un círculo entorno a mis restos. De sus armas aun quedaban señales del humo que salía de sus canos. Cada uno se arrodillo. Tomo un hueso cualquiera. Lo limpio. Y lo pego en la empuñadura. En el espacio que cada uno tenía vacío. Enfundaron esas maquinas preciosas. Giraron sobre sus pies. Y formando una cruz, elevaron sus brazos al cielo y la fuerza de sus oraciones que parecían susurros o zumbidos de moscas, hizo que se elevaran hasta esfumarse en el cenit.
Yo quede allí tendido, desmembrado.