viernes, 29 de octubre de 2010

Blanca

Anoche tuve un sueño revelador.
Una mujer, bella y cautivante, y a su vez con una mirada no natural, se acercó y me entregó una libreta de cuero blanco. Sin marcas. Sin nombres. Nada.
Era suave al tacto, casi como una semejanza a la piel de Ella.
Solo me dijo:
.- Has sido admitido.
Mi única reacción fue abrir los ojos y no pude expresar nada.
Abrí la libreta y leí atentamente la escritura, desconocida por mí, pero mi mente interpretó todo.
Al terminar de leer, comprendí todo.
La libreta era el pasaporte.
Mi pasaporte.
Mi salvoconducto.
Mi visa.
Elevé mis ojos hacia Ella. Sólo me sonrió.
.- Bienvenido. Fueron sus palabras.
Una mueca que me es imposible de describir, si fue de alegría, tristeza o resignación, se dibujo en mi rostro.
Tomé conciencia que las puertas del Infierno se abrirían para mí.
Inmensas puertas, blancas también.
Cruce bajo su espectacular marco, trasponiendo el umbral que me separaba del sueño y entré en la realidad.
Había cruzado la línea. Había dado el paso a la Vida. Era mi Resurrección. De nuevo aquí, en la Tierra.
¿Era mi tributo?...
¿Haber sido redimido de mis pecados?...
¿Mi nuevo castigo?...

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