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Oh! Calíope, tu tierna y dulce voz, se ha diluído en el estanque de agua con flores, como el azucar en mi boca…
Un sabor acaramelado aún conservo en mi sangre…
No hay olvido en mi piel ni en mi corazón…
Las columnas de piedra que adornan mi jardín, están desnudas por el invierno, sembrado está el piso de hojas secas, son las
lágrimas de los árboles y arbustos de tan variadas especies, que forman un público inquieto…
Emiten sonidos elegíacos porque tú no estás, para darles a ellos un espectáculo de color y perfume, adelantando si se pudiese, la primavera de mis canas, derritiendo las nieves de la soledad…
Los arroyos circundantes, regados por el agua fría y cristalina, cantan en coro, alegres melodías de vida y libertad…
Las lluvias se avecinan a lo lejos, con compases de pianos melancólicos, esperando que la salida del sol, eludiendo a las nubes, ilumine la tierra, con brillosos colores de un carnaval alegre y feliz…

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