lunes, 12 de julio de 2010

Supremo


No puedo más que hundirme en tu carne, electrizándome las arterias, que como interminables carreteras, me conducen hacia tu peristilo.
Siento la necesidad de libar el polen adherido a tus paredes internas, pintándolas como un artista en su apoteosis inspirativa. De púrpura y fuego, dando rienda suelta a movimientos de danzas tribales, escuchando zumbidos. Son las alas de colibríes, sublimes partituras marciales, que sincronizadas por la respuesta tuya, emiten ecos intermitentes, igual que tus latidos.
Se producen resonancias en la habitación. Los espejos, testigos infinitos de ojos y manos que se acercan frenéticamente una y otra vez, buscan, los tesoros brillantes. Son gotas que ruedan como monedas, dejando huellas y surcos en la piel. El frenético baile aceita las articulaciones. Son palas mecánicas que horadan la tierra, y en su locura, buscan el oro y la plata. Son conquistadores, abriéndose paso entre el vapor de las selvas más húmedas y acallando los gemidos de un coro desprevenido, que deja paso a las voces protagonistas de esta ópera física y bestial…

No hay comentarios.: