miércoles, 14 de julio de 2010

Sudestada


El río está nervioso, inquieto.
Un viento sur lo revuelve,
haciendo malabares como
un panadero juega con
su masa de pan.
Salpicado el murallón, de agua
dulce y marrón, flotan y se
mecen en él, hojas de papel de
botellas rotas con mensajes de
locura y desesperación…
Amores perdidos, auxilios
tardíos, desesperanzas,
oraciones y agradecimientos,
se leen, con caligrafías borrosas.
Ramas de árboles podridos,
se balancean y esquivan entre
si, con más heridas de las
que han soportado por años…
El cielo casi negro, preanuncia
la llegada de una noche violenta.
Se apagan los reflejos, del espejo
de aguas turbias, las pocas
luces encendidas, muestran los
últimos refugios…
La luna se oculta y escapa
de las miradas furtivas de ojos
que solo la oscuridad es cómplice…
Solo me resta ver lo que mis ojos
permiten. La nada…
Los sonidos aterradores salidos
de una cueva densa y ciega,
pueblan los recuerdos…
Fumo quizá mi último cigarrillo,
a la espera de que algo sagrado
me devuelva el alma a mi pecho…

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