miércoles, 7 de abril de 2010

Exclamación

Quisiera poder decir tantas cosas.
Apresadas están en mi corazón.
No con cadenas a unas piernas de mujer.
Ni tampoco a un pasado olvidado.
Ni mucho menos con eslabones de un egoísmo machista.
Son púas que lo hacen sangrar.
Sus filos tienen veneno.
Una toxina que afecta mi vivir.
Una pócima que paraliza mis sentimientos.
Esas espinas anudan mi garganta.
Esos aguijones hacen que delire en las noches.
Alucinando en mi opresión, siento que pierdo mi instinto.
Extravío en la oscuridad mi poder de seducción.
Solo tengo mis manos libres. Únicamente mis dedos para escribir,
con tinta mis pensamientos.
Del color de mi sangre. Sangre que emana con cada sílaba.
Un fluído vital que escapa de mis heridas.
Heridas de la vida.
Llagas de la soledad.
Lesiones sin curar, se esparcen por mi cuerpo,
como canales de riego en una plantación de vides.
Así como un tatuaje indescifrable, se dibujan mis penas
y mi porvenir.
Es por eso que recurro a ti, te llamo y no duermo por ti, Mujer.
Puedo sentir tu mirada sobre mí.
Percibo tu energía, como un halo de pureza.
Así en este estado puedo ver el brillo de tus ojos.
Las lágrimas contenidas.
La prudencia de tus palabras se esparcen por el ambiente,
como el calor que exuda del hogar en invierno.
Tienes una piel suave. La he rozado con mis dedos.
Tus manos relajadas, se apoyan una sobre otra,
como mezclando las barajas de la Diosa Fortuna.
Uñas firmes, nacaradas de color perlado.
Tu cuerpo fue tallado por los Dioses, uniendo las simientes de todos
los confines de la Tierra.
Ellos moldearon tu figura, semejando los valles, las sierras,
las estepas y las sabanas del África.
De las selvas del Caribe, tomaron el color,
el de tus ojos, que cambian con la luz,
como las hojas cuando la estación de las lluvias está
en su plenitud.
Tus labios delicados, delinean la finura de tus rasgos.
Todo lo que posees es privilegio, para mí.
Un Hombre hecho con la tierra fértil, con una corazón batiendo como
los tambores y los güiros brujos.
Nacido y criado muy lejos de ti.
Pero tan cerca como nunca lo has imaginado.
Mis ojos se pierden cuando están ante ti.
Mis palabras brotan como un manantial de agua cristalina,
pura, llena de emoción.
Mi cuerpo se retuerce con la intensidad de un huracán,
tempestuoso y letal.
Ansía poseerte.
Sabe que tu ser responde a ese llamado carnal y pasional.
Necesitaré muchas noches para recorrer tu bastión inexpugnable a
los sentimientos.
Soy un guerrero paciente, en descanso, pero aún, apto para el combate.
El Fuego lo llevo en mi sangre.
La Tierra me afirma ante tu presencia.
El Agua es mi conductor eléctrico hacia tu edén.
Y el Viento es la música que envuelve nuestras almas.
Todas las cosas que quisiera decir las he dicho.

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