H2O+Na+K+C6H12O6
Sentado estoy. Acodado sobre una pequeña mesa. Sosteniendo en mi mano un vaso, a medio llenar, de añejo escocés.
Pensativo estoy. Mientras veo como, una a una caen, en el piso encerado, mis lágrimas. Si, he logrado llorar.
He formado un símbolo mágico, místico y supersticioso con cada una de ellas.
Dejan en su recorrido, hacia el vacío, huellas imborrables, por los surcos de mi rostro.
Algunas están regadas en mis ropas. Otras, sobre el mantel que cubre la mesa y unas pocas le dieron otro sabor a mi bebida.
Un sabor diferente. Auténtico. Real. Único.
Agua, sodio, potasio y glucosa…
Vida, sal, mineral del cuerpo, y dulce, son sus compuestos.
Todo resumido en una simple gota. Si, una pequeña y diminuta gota.
Una lágrima más…
Transitando estoy, una etapa de mi vida adulta, en que estas secreciones disminuyen.
Ya no soy un niño. Mi adolescencia y juventud, se han ido retirando de mi cuerpo, como el recambio de piel de algunos animales, que la naturaleza pobló esta bendita tierra.
Ese pasado ya no forma parte de mí. Está en el recuerdo, imborrable, bello y cruel, momento vivido.
Mi realidad hoy, es el espejo de mi propia alma.
Se que a medida que el reloj del tiempo, siga con su particular sonido, ese tic tac recurrente, olvidaré cómo es y qué se siente al llorar.
Llorar rabia. Dolor. Alegría. Tristeza. Desazón.
Por eso disfruto este momento, porque el sentido, la ocasión, así lo amerita, y porque mis sentimientos siempre se manifestaron a través de los fluidos.
Mi sangre para las letras…
Mi simiente para la vida…
Mis lágrimas para el amor y el dolor.

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