lunes, 9 de noviembre de 2009

Trilogia


La Soledad que eventualmente acompaña al hombre, es comparable a la Muerte que vela el sueño del enfermo y al Miedo que vigila al soldado.
Nunca debe el hombre, permitir que la Soledad pretenda convertirse en su vestimenta, ni el Miedo en su abrazo, inmovilice al soldado y menos aún el beso de la Muerte seduzca y roce los labios del enfermo.

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