Sentado en el portal de mi casa, en una noche de primavera
pasaste como una luciérnaga, iluminando la oscuridad,
como las más bellas estrellas…
Con tu radiante juventud, caminabas como una Princesa…
Tus 19 años, a cuestas, te elevaban sobre la acera húmeda
por el rocío, mientras que mis 25 años de ingenua madurez,
te contemplaban en todo tu esplendor…
Cubría tu cuerpo una fina gasa, de color, que insinuaba
tus curvas…
Una letra podría ejemplificar mejor que nada esa escultura,
de carne y huesos firmes, centellantes, que despedían un
vapor como los que dejan los hornos de ladrillos, que servirán
para construir los muros, del edén de los sueños…
Esa letra es la que forma parte de tu nombre, ninfa, descendida
del cenit, para agraciar a este humano, hecho de barro, que
con solo mirarte llegar e irte, se deshace como la arcilla recién
salida del horno, presta a moldear...
Esa letra es la “S”, porque así son tus formas…
Y ahora...después de tanto tiempo, te vuelvo a ver pasar, esta
vez por las calles de la vida…
Tienes la misma forma de caminar que de adolescente...
y el mismo candor primaveral, y el dulce perfume que
emana de tu piel...
Y mi corazón late como esa vez…
Por eso no olvidé...que la vida te da siempre una segunda
oportunidad…para que nunca nada sea un recuerdo sino
una realidad…