Viaje
Hace mucho tiempo, una mujer que pasó por mi vida, me regaló con emoción y alegría una moneda de oro. Sí, una bella y reluciente moneda de oro. Esa moneda estaba engarzada también en oro, y con todo ese montaje, la colgué sobre mi cuello, luciéndola con orgullo.
El tiempo siguió su curso. Esa mujer ya no forma parte de mi presente. Quedó lejos. En el recuerdo y casi en el olvido.
La moneda terminó, guardada, en una pequeña caja de cuero, forrada con terciopelo púrpura.
Pero una vez leyendo un libro de mitología, supe que los antiguos, tenían por costumbre, cuando un ser querido o un camarada de armas moría, se le colocaban dos monedas de oro sobre sus ojos. Esas monedas serían el precio que debía pagar el muerto, su alma, para cruzar el río que separa el submundo de la vida. Y justamente es a Caronte a quien debía entregársele ese pequeño tesoro. Para que lo cruzara a través del río que lo depositaría en la otra orilla de su nueva existencia. De lo contrario, el espíritu del muerto, vagaría por la eternidad.
Ahí fue, que tomé conciencia una nueva realidad.
Ahí también, descubrí que no querría que mi alma vague eternamente, perdida, por lugares desconocidos.
Entonces fue que tuve un sueño…
En él me pude ver, sentado, frente a una mesa tapizada de un rojo sangre y la moneda que yo tenía, situada en el centro de esa mesa, iluminaba el cuarto en el que me encontraba.
De forma súbita, una voz, femenina, suave, dulce, pero al mismo tiempo con un tono firme, me dijo lo siguiente…
-Ya eres adulto, has transitado parte del camino que elegiste...para ti…- y prosiguió:
-Aquí no se te va a juzgar por tus hechos…aún…dijo la Voz, continuando:
-Debes tener en cuenta esto…El día que una mujer te regale otra moneda de oro…Tu hora habrá llegado. Debes tener todo listo para emprender el viaje…Sólo eso, no lo olvides…
y terminó con esta sentencia:
-No temas, aquí estaremos esperándote, para que inicies el viaje…
Desperté, sobresaltado, bañado en sudor, pero no estaba asustado.
Fue un aviso. Y como dicen…”el que avisa no es traidor”…
Es por eso que cuento esto:
Cuando llegue mi hora quiero llevarme estas cosas, tangibles, pero se que se desmaterializaran como yo y las tendré conmigo:
Las flores del Mal de Baudelaire
Los poemas de Bukowski
Un paquete de cigarrillos
Una pequeña botella de escocés
Un disco de Jimi Hendrix
Un disco de Wagner
Nada más. Para que más…
Avisado estoy, prestaré mucha atención de ahora en más…jajaja!!!!
Amen Chicos….siempre Amen!!!

